Ideal como siempre, paseándote por el desván del imaginario, se te recuerda. Hermosa e intacta, percibida borrosa, con tal intensión, porque la tentativa de poseerte se rompe en pedazos al más mínimo indicio de posibilidad.
A veces el deseo de volver al momento y simplemente excusarse para salir de escena se vuelve irrefrenable.
Moviéndose impávido entre las tecnocracias de los congéneres. Sentirse alienígena ante los métodos resulta inesquivable.
¿Qué nos pertenece, acaso, aparte de la soledad? Lo último que podemos llamar nuestro.
Lo único que no podemos compartir.
miércoles, 12 de junio de 2013
domingo, 21 de abril de 2013
Un café a la vez.
Te siento distante, porque distante te
conservo, para protegerme de las ansias de consumirte como tan
arraigado llevo en la costumbre de querer. Te alejo a cada paso con
cobardía inusitada. Porque solo eso nos separa de la ignominiosa
resaca veraniega del desamor.
A veces sueño con comerte en bocados,
de a poco. Otras, sueño que te devoro en un salvaje festín de
ansiedad y euforia.
Pero de nuevo, cada vez, te encuentro
más lejana.
Cada vez, te encuentro más distante.
Te siento soñada.
Diría, inalcanzable.
sábado, 23 de febrero de 2013
Italic.
Quisiera
que te dieras cuenta, no por concretar, si no por, solo, darte cuenta. Quisiera
que supieras cuanto y, tal vez, desde cuando. Pero no puedo siquiera dar
una pista de ello.
No es parte de mí.
Entonces no.
Por lo tanto duele.
De esta forma es que duele.
viernes, 15 de febrero de 2013
Piedra angular.
Confundido me siento en épocas de placeres inocuos
y penitencias pasajeras. No por el estimado placer de recordar sino por tener
que sobrellevar constantemente el peso de olvidar tanto como conozco, porque a
sabiendas del como, elegí morir para dar paso a una nueva forma del ser que
ocupa, en este momento y al mismo tiempo, dos caminos de rumbos que difieren.
Consternado, tal vez, por la rabia que faltó
en su debido momento, el brillo de mis ojos se ve opacado por la, aún errónea y
salvaje, sonrisa de tu rostro, que refulge en el altar que construiste para
adorar a aquellos dioses en el espejo. Me pregunto si te darás cuenta a tiempo,
no de una decisión errónea, estas en ti no existen. Me pregunto si te darás
cuenta, acaso, de que el puñal en tu espalda ha chocado entre tus costillas
solo para advertirte con el estruendo de los cielos, que se acerca el momento
de que aprendas y por las malas, que a pesar de mi rudeza, te he enseñado por
las buenas.
Finalmente me encontraré vigilante. Me sentaré
frente a tu trono y te veré caer al suelo. Sin expresión en tu rostro, de tu
boca caerán nueces. Todos me buscarán, porque sin culpable no hay crimen. Se
olvidarán del arma homicida, muy común como para entretener. Se bajará el telón
y la gente aplaudirá al villano, dirán que está bien pensado, pero resulta
irreal.
Cielo raso.
Últimamente
estoy teniendo ciertos estallidos de ánimo en los cuales paso de una euforia
irrefrenable a una rabia tan ardiente como difícil de disipar.
Estas ocasiones, aunque poco anticipables,
resultan ser diarias, con la rigurosidad mecánica de un reloj de péndulo.
Estando a merced de mis impulsos más
primitivos, me considero idiota por caer presa de la estupidez colectiva.
No puedo evitar pensar en situaciones de
resolución que difiere de lo escogido por mi mal juicio, me critico silencios
que, en la más absoluta de las incomodidades, me enfrentan a dejarme morir como
un número más, de los tantos conocidos, o darle la final estocada al corazón de
quien, sosteniendo los pedazos rotos de este, me mira con la tristeza más
profunda que pueda ser sentida con la avidez de la mejor intencionada empatía.
Sin embargo, finalmente, veo el sol y recuerdo
que este sale sin importarle no ser visto, sin preocuparse por diletancias
ajenas y más que nada, no hace asco a brillar con despreocupado orgullo sobre
las cabezas de aquellos infelices que ven la noche como mal presagio y se
lamentan que otro no les alumbre el camino que ya conocen.
Tener miedo a estar solo es temer a la
introspección.
Temer de esta forma es temer a uno mismo.
viernes, 25 de enero de 2013
Tus manos de porcelana.
Y obnubilado me siento; capturado por tu
encanto, que a razón de equivalencia, me levanta con una mano y abofetea con la
otra.
Desprovisto de toda armadura me entrego, a los
actos juveniles de estupidez y recuerdo que, en tiempo irreconocible por la
memoria, me han dado disgustos y a gesticulación de puñal, abriendo mi corazón
de centro a extremos, punzadas imposibles de aliviar me produjeron.
Me siento estúpido en ocasiones y lleno de ira
en otras.
Pero finalmente, entregado a la calidez
absurda de la que se hace gala en tantos temas y se disfruta en tantos otros, me
dejo morir en tus brazos.
lunes, 21 de enero de 2013
Y durará el resto de nuestras vidas.
Te hago masticar mi nombre
mientras sufres, porque responsable soy y al mismo tiempo tu auxilio. Desprovisto
de la poesía que, jactada de ante mano, hizo estruendos en ciertas charlas con
matices por demás adultos, te apuñalo con una lengua afilada y que reluce. Reluce
la misma por mi deseo de ilustrar, el cual es tan o más intenso que tu deseo de
ocultar bajo la más ignominiosa de las falacias. Pero no nos engañemos, que
tales aspiraciones no son contrarias, pues el descubrir ante el mundo no es mi
ambición, si no, simplemente y con el menor índice de error, dar a entender y
ayudar a aceptar lo que se niega por oposición conciente.
Me ves como enemigo asiduo, cuando no busco más
que darte el juicio suficiente para estimar tu alrededor con la humildad que, aún
sin molestarme, me falta. Sin sobrarme palabras y quedándome corto de
sentencias te encuentro de nuevo desestimando la intención que baña de calidez
una escrupulosa acción, lamentablemente, errada en su resolución. Así el
menosprecio se hace frecuente y siendo mercado de una sola moneda la compra y
venta de desaprobación se torna, invisible a la vista del que escaso de
introspección se encuentra, una forma ruinosa de amasar una pequeña fortuna de situaciones
contraproducentes.
Pero todo esto no te es irreconocible, por que
si así fuera, bendita sea la estupidez con la que se baña tu ignorancia. Y como
esto te es familiar, aunque no quieras admitirlo, es que debo de hacerte susurrar
mi nombre, una y otra vez, hasta que se te acabe el aliento y sientas la gélida
atmósfera, inevitable y prolongada, por que así la quisimos.
Sin embargo no te preocupes por mí, el
invierno es cruel, despiadado y gris; la forma en la que me pinta tu mentira.
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