Quiero, entre tus manos, sentir el ahínco con el que respiras las palabras pronunciadas. La laxa tendencia de tu humor pre-vigilia se me insinua en ristras caprichosas con extenso historial de reivindicaciones.
Quiero causarte la taquicardia de la muerte, sin que padezcas el estatismo posterior a la entrópica finitud de haber sido. Exhalar dentro de tu boca la vida que se te escapa por la yema de los dedos mientras estos lijan las asperezas de mi coraza y tus pies se cierra sobre sí mismos ante la angustia de creer que no puede haber nada mejor que lo presente.
Quiero que tus espinas se claven en mí para ser devorado por la venus que se abre con apetito de una víctima que, a sabiendas de su conato, intenta lograr un destino a contrarreloj.
Quiero que grites y muerdas, que te retuerzas y patalees ante las declaraciones de alborozo que berrean tus entrañas.
Quiero hacerte llorar la tristeza fuera de tus ojos, para limpiar los ventanales que me dirigen a tu centro, ergo, tu alma.
Necesito, sin embargo, saberte.
jueves, 22 de diciembre de 2016
domingo, 18 de diciembre de 2016
La culpa es de uno.
Porque quiero defender mi alegría, de las causalidades y los atentados, de los margenes y los renglones rígidos de rutinaria rueda, del escándalo, de las ausencias y presencias transitorias y definitivas.
Porque la sal del cuerpo nunca fue una bebida tan tentadora, un milagro tan austero, digno de festejos y bromas, saltos y bailes.
Porque me reconozco prisionero de encantamientos predescibles y de sonrisas a medias con carcajadas a pulmón.
Porque yo no se si en vos exista, pero de ser así, no le molestaría mi duda.
Por eso es que me desvelo sobre, dentro y pensando en tu cuerpo.
Por eso es que me duermo alejado, fuera y olvidando tu corazón.
Porque la sal del cuerpo nunca fue una bebida tan tentadora, un milagro tan austero, digno de festejos y bromas, saltos y bailes.
Porque me reconozco prisionero de encantamientos predescibles y de sonrisas a medias con carcajadas a pulmón.
Porque yo no se si en vos exista, pero de ser así, no le molestaría mi duda.
Por eso es que me desvelo sobre, dentro y pensando en tu cuerpo.
Por eso es que me duermo alejado, fuera y olvidando tu corazón.
lunes, 28 de noviembre de 2016
Cuestión.
Que dispares somos, sin embargo, que tan símiles nos encontramos en estas inocuas noches de adversos eventos.
Que tan infelices somos de maneras tan distintas que nos encontramos alejados estando uno al lado del otro.
Que tan destinados nos encontramos al martirio que nuestros devenires nos ubican en destinos perpendicularmente separados.
Que tan destinados nos encontramos al martirio que nuestros devenires nos ubican en angulos de agudeza absoluta, solo para que nos observemos el uno al otro.
Que tan infelices somos de maneras tan distintas que nos encontramos alejados estando uno al lado del otro.
Que tan destinados nos encontramos al martirio que nuestros devenires nos ubican en destinos perpendicularmente separados.
Que tan destinados nos encontramos al martirio que nuestros devenires nos ubican en angulos de agudeza absoluta, solo para que nos observemos el uno al otro.
lunes, 14 de septiembre de 2015
Inocencia.
El cristal despedazado es otra vez la copa vieja.
El ave lateral vuela hacia atrás y es el gorrión que era.
El agua se levanta y en la ceniza gris hay llamas.
El cielo desnublado recupera la lluvia,
y el muerto se intercala en el mundo por la grieta
que trazó un descuidado.
La mano desclava el oxidado puñal
y César es.
Recuperados por el pasado, los libros regresan a Alejandría.
Es la absolución pretérita,
la de Cain milagrosamente puro otra vez
por la magia de la piedra que vuelve,
de la frente ya íntegra de Abel resucitado.
También el desamor, el agrio desamor se triza
y me quieres de nuevo.
Daniel Herrendorf (de su libro El sueño de Dante) (1999)
El ave lateral vuela hacia atrás y es el gorrión que era.
El agua se levanta y en la ceniza gris hay llamas.
El cielo desnublado recupera la lluvia,
y el muerto se intercala en el mundo por la grieta
que trazó un descuidado.
La mano desclava el oxidado puñal
y César es.
Recuperados por el pasado, los libros regresan a Alejandría.
Es la absolución pretérita,
la de Cain milagrosamente puro otra vez
por la magia de la piedra que vuelve,
de la frente ya íntegra de Abel resucitado.
También el desamor, el agrio desamor se triza
y me quieres de nuevo.
Daniel Herrendorf (de su libro El sueño de Dante) (1999)
viernes, 11 de septiembre de 2015
La princesa prometida.
The reason a made it, was coming to fruition. I was going to get the evil that killed me.
When I made you happy, I killed all the bad things that could be wrong in this sick world. And for a moment, I was alive again... And my fairy tale came true.
When I made you happy, I killed all the bad things that could be wrong in this sick world. And for a moment, I was alive again... And my fairy tale came true.
lunes, 10 de agosto de 2015
House of M.
Imaginame difrazado de amor, cruzando una cordillera a pleno batir de alas. Así nos veríamos al día siguiente.
Vestime con la calidez tejida de tu cuerpo, con esa propia desnudez que solo es tuya; con esa sonrisa que solo enamora, aunque finja reir, aunque quiera sonar y se piense estruendosa entre las habitaciones.
Abrazate a mi cuerpo como si me fuera para no volver, porque no es que piense alejarme para siempre ni por siempre, pero quiero ese calor apasionante en una mentira, justamente porque planeo nunca hacerlo. Me decido a quedarme.
Perdoname mis ausentes silencios, porque no los hago con malicia ni reprocho con saña, pero es tonto mi amor, amor mío. Soy tonto mi amor. Porque como mi amor, soy tuyo amor mío.
Vestime con la calidez tejida de tu cuerpo, con esa propia desnudez que solo es tuya; con esa sonrisa que solo enamora, aunque finja reir, aunque quiera sonar y se piense estruendosa entre las habitaciones.
Abrazate a mi cuerpo como si me fuera para no volver, porque no es que piense alejarme para siempre ni por siempre, pero quiero ese calor apasionante en una mentira, justamente porque planeo nunca hacerlo. Me decido a quedarme.
Perdoname mis ausentes silencios, porque no los hago con malicia ni reprocho con saña, pero es tonto mi amor, amor mío. Soy tonto mi amor. Porque como mi amor, soy tuyo amor mío.
miércoles, 22 de julio de 2015
Destierro del Edén.
Se mira al espejo y se tiñe de negro el pico, para animar a su reflejo y que le susurre dulcemente un "nunca más".
Se siente tan aturdido y pelotudo que nadie le alcanza auxilio con palabra alguna, medida o no, como para que el pobre boludo sea un tranquilo infame por unos minutos.
En menos de lo que pasan sesenta días gana un amor, pierde una amistad por segunda vez, le injertan un desconocido para fusilamiento, le desaparecen tres (agri)dulces memorias, tropieza tres veces, se desentiende de su vida, le extirpan el cariño y aún así, aunque trate, se esfuerce y se retuerza, no logra llorar. Se contienen a ras de la superficie, negándose a aflorar, una lágrimas caprichosas. Solo quiere descansar a la orilla de un salado y tibio río que naciera de la desdichada mirada de dolor que lleva a cuestas en el alma.
Es patético como solo puede serlo una persona desesperada y al borde del colapso, ruega una mentira amable.
Está perdido en un mar tempestuoso de desconcierto, porque desprovisto de su dicha, es un infeliz con cara de monigote.
Está enamorado.
Se siente tan aturdido y pelotudo que nadie le alcanza auxilio con palabra alguna, medida o no, como para que el pobre boludo sea un tranquilo infame por unos minutos.
En menos de lo que pasan sesenta días gana un amor, pierde una amistad por segunda vez, le injertan un desconocido para fusilamiento, le desaparecen tres (agri)dulces memorias, tropieza tres veces, se desentiende de su vida, le extirpan el cariño y aún así, aunque trate, se esfuerce y se retuerza, no logra llorar. Se contienen a ras de la superficie, negándose a aflorar, una lágrimas caprichosas. Solo quiere descansar a la orilla de un salado y tibio río que naciera de la desdichada mirada de dolor que lleva a cuestas en el alma.
Es patético como solo puede serlo una persona desesperada y al borde del colapso, ruega una mentira amable.
Está perdido en un mar tempestuoso de desconcierto, porque desprovisto de su dicha, es un infeliz con cara de monigote.
Está enamorado.
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